En estas fechas del año, muchos hijos se despiden de sus padres para trabajar, estudiar fuera o irse a vivir con otras personas. Los que se marchan lo hacen con grandes expectativas e ilusiones, pero dejan un gran vacío en los que se quedan. Es lo que se llama el síndrome del nido vacío.

En España, muchos jóvenes retrasan lo máximo posible abandonar el hogar familiar. De hecho, sólo el 15,9% de las personas de entre 16 y 29 años vive emancipada, según los últimos datos: Jóvenes pero sobradamente arruinados. Es un porcentaje menor con respecto a otros países de la Unión Europea. La principal razón para no salir del nido familiar sigue siendo la económica al no poder contar con una fuente de ingresos adecuada que haga frente a los gastos corrientes del alquiler o la hipoteca, la luz, el gas…

¿Qué es el síndrome del nido vacío?

En Psicología, se llama síndrome del nido vacío a los pensamientos y emociones que experimentan los padres cuando sus hijos se van de casa. Cada persona puede vivir este estado de una manera diferente, según su personalidad. Por lo general, los padres sienten que sus hijos ya no los necesitan, aparecen sentimientos de tristeza, soledad, vacío, aburrimiento, recuerdos de cuando sus hijos eran pequeños…

Este síndrome del nido vacío puede afectar a cualquier padre, independientemente de su empleo o sus intereses familiares. Incluso cuando los padres estén orgullosos de que sus hijos crezcan y “abandonen el nido”, pueden llegar a sentirse bastante tristes.

Young teenage girl hugging her mother at home.

¿Por qué se produce?

Principalmente, por una sensación de soledad. También por falta de autorrealización. Hay padres que han dedicado toda su vida a sus hijos. Sobre todo, pasa en mujeres que se han olvidado de otros papeles en su vida: lo de ser pareja, trabajadora, amiga… Ha existido una gran dependencia hacia sus retoños.

Si bien puede seguir ocurriendo en hogares tradicionales, vivimos tiempos en los que el síndrome del nido vacío también se da más como una crisis de pareja, ya que tras la marcha de los hijos de casa, la pareja se puede dar cuenta de que es difícil la convivencia o que ya no les queda nada en común.

¿Qué hacer ante esta situación?

Aquí recogemos algunas recomendaciones de los expertos:

  • Aceptar que los hijos van a marcharse un día de casa. Anticipar este hecho.
  • Se debe reconocer que se trata de “ley de vida”. Cuando esto se acepta como un proceso normal, es más fácil adaptarse.
  • Centrarse en la pareja también puede ayudar. Aprovechar que ya no se tienen ciertas responsabilidades con los hijos, permite disfrutar de más tiempo con un compañero.
  • Practicar nuevas actividades o vivir experiencias positivas, sobre todo aquellas que no podían hacerse antes por no tener suficiente tiempo. Ahora es el momento.
  • Hablar del tema con amigos o familiares.
  • Mantenerse en contacto con los hijos puede aliviar los sentimientos de nostalgia. Cuando un hijo se va de casa no tiene por qué perderse el vínculo afectivo. Es más, muchos jóvenes reconocen que el irse de casa refuerza la relación con sus padres.

Sobre todo, alegrarse. Si se han hecho las cosas bien, que los hijos se independicen y tengan la fuerza y la autonomía para hacerlo, es motivo de orgullo.

Teniendo en cuenta que no llega al 20% el número de jóvenes menores de 29 años que vive independizado en España, ¿podríamos hablar también de un síndrome del nido lleno?  Más de la mitad de los jóvenes todavía vive con sus padres.