Durante años, el blanco ha sido uno de los grandes protagonistas de las cocinas españolas. Su capacidad para aportar luminosidad, sensación de amplitud y facilidad a la hora de combinar materiales lo convirtió en una elección habitual, especialmente en viviendas con espacios reducidos.

Los datos permiten comprobar hasta qué punto llegó a dominar esta tendencia. En 2017, un estudio de Houzz realizado entre 1.019 usuarios españoles revelaba que el 60 % de quienes habían reformado su cocina había elegido armarios blancos.

Casi una década después, el blanco continúa presente, pero las tendencias del sector muestran una cocina cada vez más abierta al color, los materiales naturales y las combinaciones con mayor personalidad.

El blanco continúa, pero ya no está solo

La Asociación de Mobiliario de Cocina (AMC), que representa a empresas del sector en España, señala en sus tendencias para 2026 que siguen predominando los tonos neutros: blanco, beige, arena, madera clara, piedra y gris suave.

La diferencia está en cómo se utilizan. Frente a las cocinas completamente blancas y uniformes, ganan presencia las combinaciones de materiales y colores. Entre las propuestas que destaca la asociación aparecen el blanco con madera, el verde oliva con madera o el beige con blanco.

El objetivo es conservar la luminosidad y la sensación de amplitud, pero conseguir espacios visualmente más cálidos.

Verdes, azules y tonos tierra entran en la cocina

El cambio se aprecia especialmente en la paleta cromática. AMC señala que, después de los neutros, aparecen verdes y azules y destaca el regreso de los tonos tierra, como terracota, caramelo y ocre, junto con verdes profundos —salvia y oliva— y azules oscuros.

No es necesario, además, utilizar un único color en toda la cocina. Los tonos más intensos pueden reservarse para una isla, el frente de cocina, determinados muebles o elementos decorativos.

Cocina moderna en verde salvia con encimera clara, detalles de madera y decoración minimalista.

También gana peso la propia madera. Los acabados en nogal, chocolate o tabaco se combinan con encimeras claras, mientras que las maderas naturales y con veta ayudan a sustituir parte de la estética más fría y uniforme que durante años caracterizó a muchas cocinas minimalistas.

¿Significa esto el final de las cocinas blancas?

No. De hecho, las previsiones del sector continúan situando el blanco entre los colores predominantes.

Lo que parece estar cambiando es la forma de utilizarlo. La cocina completamente blanca deja espacio a ambientes con más contrastes, texturas y materiales, en los que el color ayuda a aportar personalidad sin necesariamente renunciar a una base neutra.

La tendencia, por tanto, no consiste tanto en elegir entre una cocina blanca o una cocina de color, sino en encontrar un equilibrio. Madera, verdes, azules, tonos tierra y neutros cálidos amplían las posibilidades de un espacio que cada vez está más integrado en el resto de la vivienda.

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